Perú cayo del puesto 94 al 130 en los últimos cinco años en Percepción de la Corrupción –
El informe de Transparencia Internacional indica, que Perú descendió del puesto 94 al 130 en el índice de Percepción de la Corrupción entre 2020 y 2025, con una puntuación de apenas 30 sobre 100. Este puntaje lo ubica entre los países peor evaluados de la región, por debajo de la media de las Américas, que es de 42 puntos, y al nivel de naciones como Kenia, Egipto y Azerbaiyán.
El estudio indica que la clasificación actual define a Perú como una “Democracia Imperfecta”, debido a la captura de organismos clave y la erosión de los controles que deberían garantizar la rendición de cuentas.
Entre los factores que explican la baja puntuación destacan la interferencia política en organizaciones de la sociedad civil, la debilidad de los sistemas de justicia y la percepción de que los recursos públicos no se utilizan con transparencia. Además, las restricciones a las ONG han limitado la fiscalización independiente del gobierno, lo que alimenta la percepción de impunidad.
La desconfianza ciudadana también influye en la percepción internacional de corrupción. El informe señala que la falta de sanciones efectivas, la politización de los procesos judiciales y los problemas en la administración pública generan un círculo vicioso: la corrupción afecta las instituciones, y las instituciones no logran frenar la corrupción.
La caída de Perú en el índice de Percepción de la Corrupción responde a varios elementos estructurales. Uno de los puntos señalados por Transparencia Internacional es la restricción del espacio cívico.
Otro factor clave es el debilitamiento de los contrapesos democráticos. Decisiones del Ejecutivo y del Congreso han impactado en la autonomía del Ministerio Público, el sistema judicial y otros órganos de control. Esta situación afecta la capacidad del Estado para investigar y sancionar actos de corrupción sin interferencias políticas.
La falta de sanciones firmes también influye. Procesos por soborno, colusión o desvío de fondos avanzan con lentitud o enfrentan cuestionamientos sobre su imparcialidad. Cuando la ciudadanía percibe impunidad, la confianza en las instituciones cae.
A esto se suma la opacidad en el financiamiento político. Los vacíos en el control de aportes a campañas y la debilidad de la fiscalización electoral generan dudas sobre la influencia de intereses privados en decisiones públicas. Este fenómeno impacta directamente en la imagen del Perú frente a la comunidad internacional.
En 2020, Perú ocupaba el puesto 94 con un puntaje de 38, reflejando una percepción de corrupción moderada. En solo cinco años, el país cayó 36 puestos, demostrando un deterioro sostenido y estructural.
